A rearmarse después de lo vivido

El terremoto literalmente ¡nos movió el piso! Y no sólo en un aspecto físico, nuestras emociones también sufrieron un fuerte remezón. Y es que este tipo de sucesos nos hace contactarnos con la fragilidad y la fortaleza del ser humano.

El terremoto mismo, cada réplica, mirar las noticias, escuchar las cifras de damnificados, ver las imágenes de destrozos, nos recuerda lo frágil que es la vida. Todos los días corremos riesgos, a veces sin saberlo, y muchas veces rozamos la muerte. Pero cuando se mueve el piso, nos tenemos que volver a parar. Y solo entonces vuelve a ponerse en primer plano el valor que tiene el estar vivo.

Recordamos la importancia que tiene contar con la satisfacción de las necesidades básicas: el hambre, la sed, un techo donde cobijarse, el contacto con los seres queridos. Muchas cosas que parecían tan fundamentales hasta hace un tiempo, han dejado de serlo. Es una caída, de la cual nos levantamos más cerca de la tierra, de lo importante y de lo real.

El impacto también llega cuando se evidencia otro aspecto de la fragilidad humana, que tiene relación con el debilitamiento de la moral, de la empatía por el otro, de la solidaridad y de la sociedad como un grupo cooperativo. Los saqueos de supermercados, los robos desde las casas destruidas, los vandalismos, son incomprensibles aun considerando el caos generado por el desastre.

Sin embargo, la angustia que generaba ver que otros ciudadanos agravaban el drama vivido por las víctimas del terremoto, poco a poco ha ido dando paso a una sensación de gratitud, esperanza y orgullo frente a todas aquellas personas que han comenzado a movilizarse por apoyar y ayudar a los que lo necesitan.

Sólo son unos pocos delincuentes los que han logrado aumentar el miedo, la desesperanza y la frustración. Son muchos más los que han logrado demostrar la fuerza, la valentía, la solidaridad y la empatía del ser humano; todas cualidades que van a lograr poner de pie al país entero.

Se nos movió el piso y se nos cayeron muchas cosas, cosas materiales y no materiales. A algunos se les cayó el ánimo, a otros la calma, la seguridad, la energía. Pero no podemos permitir que se nos venga abajo la esperanza y la confianza de que somos capaces de salir adelante. Nos volvimos a dar cuenta que somos más frágiles de lo que sentimos cotidianamente; ahora queda recordar que también somos más fuertes de lo que solemos creer cuando se nos acaba de mover el piso. ¡Arriba chilenos!

Related Posts with Thumbnails
Comparte este post:
  • Facebook
  • Twitter
  • RSS
  • Tumblr
  • Print
  • Add to favorites
  • email
  • LinkedIn
  • Digg
  • del.icio.us
  • Technorati
  • StumbleUpon
  • Google Bookmarks
  • PDF


1 Comentario

  1. Magdalena

    Se pasó que la desesperanza reinaba en un instante, viendo a la gente saquear supermercados en busca de alimentos y, en más de una ocasión, electrodomésticos y plasmas. Pero al ver la teletón y toda la gente que se puso las pilas se me alegró el corazón. El hecho de que hubo gente que devolvió lo robado en Concepción me pareció tremendamente valioso, un ejemplo de humildad ante la equivocación cometida. Reconstruir el país será una labor no menor. Necesitamos los buenos ejemplos para nutrir el ánimo de seguir adelante y de que todo esto vale la pena.
    Gracias por tu columna Anto!

Deja un comentario






Spam protection by WP Captcha-Free

 

Pilamagazine en la Red

facebook twitter RSS Subsríbete por email

Últimos posts